sábado, 3 de marzo de 2018

William Lane Craig NO ENTIENDE a Bertrand Russell


En un artículo de 1956, titulado "¿Existe Dios?", el filósofo y matemático inglés Bertrand Russell refutó la idea de que es al escéptico a quien corresponde desacreditar las afirmaciones infalsables de la religión; por el contrario, la carga de la prueba recae en la propia persona que hace estas afirmaciones infalsables. Postuló, para este fin, una famosa analogía que conocemos hoy como La Tetera de Russell. En palabras del filósofo: 

"Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es tan pequeña que no puede ser vista ni por los telescopios más potentes. 

Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. 

Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo ilustrado, o la del inquisidor en tiempos anteriores."

Para comprender la anlogía planteada por Russell debemos responder una pregunta: ¿Qué es falsabilidad? 

Las declaraciones, hipótesis o teorías poseen falsabilidad o refutabilidad si es posible realizar una prueba u observación para demostrar cuán falsas o qué tan verdaderas son. Son falsables si es posible concebir una observación o un argumento empíricamente comprobable que podría negarlas y, como corolario, concebir una observación o un argumento que las demuestre. Por lo tanto, el término falsabilidad es sinónimo de capacidad de prueba.

Por ejemplo, la generalización universal de que todos los cisnes son blancos es falsable, ya que es lógicamente posible refutarla observando un único cisne que no es blanco. Una afirmación como "Puede que existan cisnes en Australia", por el contrario, no es falsable, pues es imposible concebir una observación o argumento para refutarla

En pocas palabras, una afirmación falsable es aquella que puede ser sometida a prueba. 

"Hay dos cocodrilos en el zoológico" es, también, una declaración falsable, pues podemos concebir una prueba para refutarla: buscar en cada uno de los ambientes y rincones del zoológico hasta encontar, o no, a los cocodrilos. El ejemplo de la Tetera de Russell, por las razones expuestas, no es falsable. Al tratarse de una tetera indetectable, no es posible diseñar un experimento u observación que nos permita refutar su existencia; podemos mirar y escanear los cielos casi por la eternidad, y siempre puede ser que no esté en el lugar donde miramos; puede haber otro lugar que hayamos pasado por alto o que la tetera se haya movido mientras estábamos buscando.

Dada la naturaleza absurda del ejemplo específico, la tetera, inferiríamos correctamente que la ausencia de evidencia es evidencia de ausencia. La audacia de Russell fue cuestionar por qué la gente no aplica la misma lógica a la existencia de cualquier deidad en particular. No hay diferencia en la base de pruebas provista; por lo tanto, no hay ninguna razón para creer en un Dios y no en una tetera celestial.


William Lane Craig, famoso teólogo, filósofo y apologista cristiano, ha intentado desacreditar la analogía de Bertrand Russell. Sobre la existencia de la tetera celestial, ha declarado:

"¿Tenemos que ser agnósticos al respecto? ¿Podemos decir que no existe? Creo que sabemos que no existe porque no fue puesta allí por los astronautas rusos o estadounidenses; y sabemos que la materia en el universo no se autoorganiza en formas de tetera. Entonces, realmente, tenemos una gran cantidad de evidencia de que la tetera de Russell no existe; y dado que nuestra discusión se limita a casos en los que inferimos la inexistencia de algo simplemente sobre la base de la ausencia de evidencia para ello, el ejemplo es irrelevante."

El error fatal de W. L. Craig consiste en pensar que la naturaleza absurda de la tetera es, por sí misma, prueba suficiente para refutarla. Todos los argumentos que el teólogo sea capaz de proponer (ningún astronauta la puso ahí, la materia no se autoorganiza en forma de tetera, etc.) sólo nos demostrarán cuán absurda es la idea de una tetera celestial, pero no someterán a prueba al objeto de la afirmación original: la propia tetera. Recordemos que una declaración es falsable solo si puede demostrarse empíricamente que un enunciado observable es falso. Para la declaración "todos los cisnes son blancos" (el enunciado observable), comprobar empíricamente la existencia de un cisne negro es la demostración necesaria que hace falsable la proposición original.

Al formular su experimento mental, Russell sabía que la idea de una tetera espacial era completamente absurda. De hecho, esta analogía es intencionalmente absurda para coincidir con las declaraciones irracionales de la Fe. La importancia del ejemplo de Bertrand Russell es demostrar que una afirmación infalsable, aquella que no puede ser sometida a prueba, no necesita ser refutada. La existencia de la tetera de Russell, por el hecho de ser un objeto indetectable, no puede ser confrontada con la evidencia y es, por lo tanto, una afirmación infalsable. Piénsalo de este modo: existe una tetera en el espacio, pero su presencia no puede ser demostrada de ninguna manera. ¿Estás obligado a refutar su existencia? Definitivamente, no. ¡No hay método ni herramienta para contrastar tal clase de hipótesis con una observación, medición o experiencia! ¡No existe enunciado observable! ¿Cómo llegaron a saber, en primer lugar, que la tetera estaba allí? Es un misterio para nosotros. La carga de la prueba recae sobre esas personas.

En el mejor de los casos, Craig habrá empleado un método lógico llamado reductio ad absurdum: una forma de argumento que intenta desmentir una afirmación demostrando que inevitablemente conduce a una conclusión ridícula, absurda o poco práctica. En el peor de los casos, habrá caído en una falacia del espantapájaros: un argumento falaz similar a la reductio ad absurdum que intenta refutar una proposición mostrando que una forma ligeramente diferente o inexacta de la proposición (el "espantapájaros") tiene una consecuencia absurda, desagradable o ridícula, confiando en que nadie notará que el argumento no se aplica realmente a la proposición original. 

Sea cual sea el caso, el teólogo no logra contradecir la analogía planteada por Russell; confirma, en cambio, su parecido con los testimonios indemostrables de la religión.

sábado, 10 de febrero de 2018

Por qué debemos enseñar ciencia y no religión

Fuente: http://www.dosisdiarias.com/

Lo que sigue es una parte de la interesantísima ponencia "WHAT SHALL WE TELL THE CHILDREN" (Qué Debemos Enseñar a los Niños) del psicólogo e investigador inglés Nicholas Humphrey.
 
Les dejo en enlace a la lectura original, de 1997, en inglés: http://www.edge.org/3rd_culture/humphrey/amnesty.html

Ayudemos al pequeño musulmán a quien los mullahs están enseñando que la tierra es plana y exploremos con él algunas de las ideas de la geografía científica. Mejor aún, llevémoslo muy alto en un globo, mostrémosle el horizonte e invitémosle a usar sus propios sentidos y poderes de razonamiento para alcanzar sus propias conclusiones. Ahora, démosle esta elección: la figura presentada en el Corán o aquella que fluye de su recién encontrado entendimiento científico. ¿Cuál preferirá? 

O tengamos piedad de la profesora bautista que se se halla en matrimonio con el creacionismo y démosle unas vacaciones. Llevémosla de paseo al museo de Historia Natural en compañia de Richard Dawkins o Dan Dennett - o, si son muy atemorizantes, David Attenborough - y hagamos que le expliquen las posibilidades de la evolución. Ahora, démosle la elección: la historia del Génesis, con todas sus paradojas y alegatos especiales, o la asombrosamente simple idea de la selección natural. ¿Cuál escogerá? 

Mis preguntas son retóricas porque las respuestas ya están dadas. Sabemos muy bien por dónde irán las personas una vez que que se les permite pensar por sí mismas sobre asuntos como estos. Conversiones de la superstición a la ciencia han sido y son eventos que ocurren todos los días. Probablemente, han sido parte de nuestra experiencia personal. Aquellos que han estado caminando a oscuras han visto una gran luz: el "¡ajá!" de la revelación científica.

En contraste, conversiones desde la ciencia de vuelta a la superstición son virtualmente desconocidas. Simplemente, no sucede que alguien que ha aprendido y entendido la ciencia y sus métodos y a quien se le ofrece una alternativa no-científica escoge abandonar la ciencia.  Dudo que haya existido alguna vez un caso de, por ejemplo, alguien educado para creer en la teoría geológica de los volcanes que pase, en su lugar, a creer en la cólera divina; o alguien que haya visto y apreciado la evidencia de que el mundo es redondo que regrese a la idea de que el mundo es plano; o incluso alguien que haya entendido el poder de la teoría darwiniana que vuelva a preferir la historia del Génesis. 

Las personas, por supuesto, a veces abandonan sus creencias científicas existentes en favor de alternativas científicas nuevas y mejores. Pero elegir una teoría científica sobre otra es, todavía, mantenerse absolutamente fiel a la ciencia.

La razón de esta asimetría entre la ciencia y la no-ciencia no es -al menos, no solamente- que la ciencia proporciona explicaciones mucho mejores, mucho más econónimas, elegantes y bellas, que la no-ciencia. Aunque todo eso es cierto. La razón más poderosa, yo sugeriría, es que la ciencia es, por su propia naturaleza, un proceso participatorio y la no-ciencia no lo es. 

Al aprender ciencia aprendemos por qué deberíamos creer en esto o aquello. La ciencia no engatusa, la ciencia no dicta; expone los argumentos fácticos y teoréticos de porqué algo es como es - y nos invita a estar de acuerdo con ellos, a verlos por cuenta propia. Por lo tanto, desde el momento en que alguien comprende una explicación científica, esa persona, es un sentido importante, ya la ha escogido como suya.  

¡Qué diferente es el caso de la explicación religiosa o supersticiosa! La religión no pretende involucrar a sus devotos en ningún proceso de descubrimiento racional o elección. Si nos atrevemos a preguntar por qué debemos creer algo, la respuesta será porque ha sido escrito en el Libro, porque es nuestra tradición, porque fue suficientemente bueno para Moisés, porque irás al cielo de esa manera... O, casi con la misma frecuencia, no preguntes.

La ciencia no requiere adoctrinamiento para transmitirse y perdurar; sólo necesita los
poderes humanos de razonamiento y observación para surgir y corregirse a sí misma.


Compara estas dos posiciones. Por un lado, el teólogo romano del Siglo II, Tertuliano, con su abyecta sumisión a la autoridad y negación de toda participación personal en la elección de nuestras creencias. "Para nosotros," escribió, "la curiosidad no es necesaria luego de Jesucristo y tampoco lo es la investigación luego del Evangelio." Este es el mismo hombre, les recuerdo, que dijo del cristianismo: "Es cierto porque es imposible." Del otro lado, el filósofo inglés del siglo XII, Adelardo de Bath, uno de los primeros intérpretes de la ciencia árabe, con su mandato de que todos somos personalmente responsables de comprender lo que sucede a nuestro alrededor. "Si alguien vive en una casa e ignora de qué está hecha... es indigno de su refugio", dijo, "y si alquien nacido en la residencia de este mundo se niega a comprender el plan que sustenta su maravillosa belleza... es indigno... y mecere ser echado fuera." 

Imagina que la elección es tuya. Que has sido encarado, en los años formativos de tu vida, por una elección entre estos dos caminos a la iluminación - entre sostener tus creencias sobre las ideas de otros, importadas de otro país y de otro tiempo, y sostenerlas sobre ideas que tú mismo has podido ver creciendo en tu suelo natal. ¿Cabe alguna duda de que escogerás por tí mismo? ¿De que escogerás la ciencia? 

Y porque las personas escogerán de ese modo si tienen la oportunidad y la educación científica, yo digo que, como sociedad, tenemos el derecho de insistir, a conciencia, en que se les proporcione esa oportunidad. Es decir, tenemos el derecho, en efecto, de elegir esta manera de pensar por ellos. De hecho, no solo tenemos el derecho: en el caso de los niños, estamos moralmente obligados a hacerlo - y así protegerlos de ser víctimas tempranas de otras formas de pensamiento que los removerían del campo. Entonces, déjenme responder a la pregunta del fondo del auditorio - "Cómo te sentirías si algún Gran Hermano insistiera en que tus niños fueran educados en sus creencias? ¿Te gustaría si yo tratara de imponer mi ideología personal sobre tu pequeña niña?" Yo tengo la respuesta: que enseñar ciencia no es así; no se trata de enseñarle a alguien las creencias de alguien más; se trata de alentar al niño a ejercitar sus propios poderes de entendimiento para llegar a sus propias creencias.

Seguramente, esto significará que ella tendrá creencias que son ampliamente compartidas por otros que han seguido el mismo camino: creencias, aclaro, en lo que la ciencia revela como la verdad acerca del mundo. Y sí, si quieres verlo de ese modo, podrías decir que, por sus propios esfuerzos por entender, ella se convertirá en una "conformista científica": una de esas predecibles personas que creen que la materia está hecha de átomos, que el universo surgió del Big Bang, que los humanos descienden de los monos, que la conciencia es una función del cerebro, que no hay vida después de la muerte, y así... Pero - ya que preguntas - diré que estaría muy complacido si un hermano mayor o un maestro de escuela o tú mismo, señor, le ayudaras a alcanzar ese estado de iluminación.



Traducción: José Luis Huerto Aguilar


martes, 30 de enero de 2018

Dios es muy listo para existir


ATENCIÓN:
Traducción del artículo original de Bill Flavell, vicepresidente de Atheist Alliance International.  

Desde todo punto de vista, Dios es un tipo muy listo y extraordinariamente capaz. Puede hacer que cosas milagrosas ocurran con tan solo pensar en ellas. Puede diseñar cosas inmensamente complejas, como la vida, en un abrir y cerrar de ojos.

Es tan capaz que, si quisiera que creyese en él, yo lo haría. Sin lugar a dudas. Pero no creo en él, así que bien no quiere que crea en él, o bien no le importa. 

No solo soy yo. Hay 1.1 miles de millones de no creyentes, 1.1 miles de millones de hinduístas, 0.5 miles de millones de budistas y 0.8 miles de millones de diversos "otros" que tampoco creen en él. 

Incluso los 2.4 miles de millones de cristianos y 1.6 miles de millones de musulmanes que sí creen en él, creen diferentes cosas acerca de cómo es él y cómo quiere que nos comportemos. Si un dios tan capaz jugó un papel en la creencia de cristianos y musulmanes se esperaría, por lo menos, que ellos estuvieran de acuerdo en estas cosas tan básicas. Pero no lo están. 

Incluso más revelador es este simple hecho: una significativa proporción de no creyentes fue, alguna vez, de creyentes. Si un dios tan capaz jugó un papel en la creencia de ellos, esperaríamos que nadie encontrara razones para, subsecuentemente, abandonar esa creencia proporcionada por Dios. 

Solo hay una conclusión razonable: Dios no juega un papel en la creencia humana - cargamos todo ese peso nosotros mismos. Y eso conduce a una segunda conclusión: Dios no quiere que creamos en él, o no le importa si lo hacemos o no. Pero esa conclusión no puede ser correcta. Si Dios tiene amor infinito por nosotros (o, por lo menos, un moderado afecto), le importaría cómo pasemos la eternidad y estaría desesperado por salvarnos de la tortura eterna.

Seguramente, eso nos deja solamente una conclusión disponible. Dios no existe. Inventamos a los dioses e inventamos las religiones y los pasamos de generación en generación. Ahora, esa conclusión es coherente y plenamente consistente con todos los hechos.



Traducido por José Luis Huerto Aguilar  

sábado, 26 de agosto de 2017

Ali A. Rizvi: "Toda fe es tóxica."


A continuación, una de las últimas y más interesantes publicaciones de Alí A. Rizvi, librepensador y autor del libro The Atheist Muslim (El Musulmán Ateo). La traducción de estos cortos párrafos, labor personal que asumí con el único propósito de difundir el pensamiento del Sr. Rizvi, es el trabajo de un aficionado, motivo por el cual asumo toda culpa por cualquier error posible en su ejecución.

La "fetichización" de la virginidad y la "pureza" de María - que el Islam comparte con el Cristianismo - es lo que guía la mentalidad detrás del hijab, la mutilación genital femenina (MGF) y la "cultura de la modestia".

Quienes dicen, correctamente, que no puedes abordar el jihadismo sin abordar el Islam deben recordar, también, que no puedes abordar el Islam sin abordar la toxicidad de la "fe" religiosa - creer en afirmaciones no confirmadas sin evidencia.

Si crees que la fe religosa es maravillosa, pero el Islam es un problema, no serás creíble por mucho tiempo. No es diferente decir que el Islam es maravilloso, pero el jihadismo es un problema. No puedes seguir podando las ramas mientras dejas el árbol y sus raíces intactas. Ellas seguirán creciendo.

Recuerda que la Edad de la Ilustración, el Secularismo y la Revolución Científica no estuvieron "enraizadas en valores judeocristianos". Fueron, en verdad, un RECHAZO de los valores judeocristianos, y aparecieron luego de la castración y la dilución del Judaísmo y el Cristianismo por racionalistas y librepensadores.

El Islam, por el contrario, ESTÁ enraizado en valores judeocristianos. Es, prácticamente, un plagio de estos dos cultos predecesores. Comparte muchas de sus historias y fábulas al pie de la letra y, hoy, se ve precisamente como esas otras mitologías abrahámicas se verían si la Ilustración nunca hubiera ocurrido.

Si queremos resistir la influencia del Islam sobre la sociedad racional y civilizada, debemos hacer lo que pensadores de la Ilustración, como Locke, Rousseau y Voltaire hicieron cuando el Cristianismo encabezaba las listas de La-Peor-Religión-Del-Mundo.

Lo peor acerca del Islam no es el terrorismo. Podemos enfrentar el terrorismo y lo hemos hecho con éxito. Hemos hecho la transición de organizaciones terroristas globales que estrellan aviones contra edificios y detonan sistemas subterráneos a individuos solitarios que atropellan multitudes con sus autos. Más que por el terrorismo, el Islam es peligroso por las mismas razones que el Cristianismo y el Judaísmo fueron peligrosos antes que él. Ellos incitan - incluso comdandan y elogian - creer cosas sin evidencia.

Esto significa que habrán generaciones enteras de jóvenes estudiantes de ciencia dudando de hechos establecidos como la evolución y el cambio cimático, incapaces de pensamiento crítico y de discernir la realidad de la ficción.

Este es un desenlace mucho más mortal que unos pocos cadáveres y bombas aquí y allá. Si alguna vez te preguntas cómo es que tantas personas cayeron en las mentiras de Trump, recuerda que una mayoría de adultos americanos, maduros y alfabetizados - en 2017 - cree realmente que una virgen dio a luz al hijo de un padre celestial, sobrenatural e invisible, y que los ángeles en verdad existen.

Cuando poblaciones enteras de hombres y mujeres maduros pueden creer en estos cuentos de hadas, puedes hacer que crean cualquier cosa. Es una pendiente resbaladiza. Como el propio Voltaire dijo, "Aquellos que pueden hacerte creer absurdos, pueden hacerte cometer atrocidades."

Tratar de encontrar las diferencias entre el Islam y el Cristianismo/Judaísmo de los cuales deriva (y estas diferencias sí existen) no nos ayudará a enfrentarlo. Lo que nos ayudará es encontrar PARALELOS y SIMILITUDES (las cuales superan por mucho a las diferencias) - y mirar hacia atrás para ver cómo derrotamos al Cristianismo y al Judaísmo en sus formas originales, para que puedan existir en la forma diluída, castrada y atenuada de hoy.

Un futuro similar para el Islam puede parecer inimaginable para muchos - de la misma forma que el estado debilitado, actual del Cristianismo era inimaginable para las personas hace unos pocos siglos. Pero puede suceder y sucede. En el pasado, las personas solían sacrificar a sus primogénitos a los dioses mayas y griegos. Hoy, nadie se toma en serio estos mitos. Este es el ciclo de la historia.

Toda fe es tóxica. Enfréntala en sus raíces, no en sus ramas. Todas las religiones del pasado son mitologías de hoy. Hagamos que todas las religiones de hoy sean las mitologías de mañana. 


- Alí A. Rizvi 


Traducido por: José Luis Huerto Aguilar

viernes, 3 de febrero de 2017

Un sueño sin sueños: El surgimiento de la conciencia en recién nacidos.

Lo que sigue es una traducción del artículo "When Does Consciousness Arise in Human Babies?", publicado en SCIENTIFIC AMERICAN por Christof Koch en setiembre de 2009:

¿Cuándo emerge la conciencia en los bebés humanos? 


Las madres querrán crucificarme por esta aparentemente cruel pregunta, pero necesita ser propuesta: ¿Cómo sabemos que un recién nacido y un infante saludable están cocientes? No hay duda de que el bebé está despierto. Sus ojos están abiertos, se mueve y hace muecas y, más importante, llora. Pero todo esto no es lo mismo que estar conciente, experimentar dolor, ver el color rojo o oler la leche de mamá.

Es bien reconocido que los infantes no tienen conocimiento de su propio estado, emociones y motivaciones. Incluso niños mayores capaces de hablar tienen poca percepción de sus propias acciones. Cualquiera que haya criado a un niño está familiarizado con la mirada en blanco de un adolescente cuando se le pregunta por qué hizo algo particularmente imprudente. Un encogimiento de hombros y un "no sé, parecía una buena idea" es lo máximo que escucharás.

Aunque un recién nacido carece de conciencia de sí mismo, el bebé procesa estímulos visuales complejos y atiende a sonidos y objetos visibles en el mundo, preferentemente observando caras. La agudeza visual del infante solo le permite ver borrones, pero el circuito básico tálamo-cortical necesario para sostener percepciones simples visuales y de otro tipo ya está en su lugar. Y las capacidades linguísticas en los bebés están modeladas por el ambiente en el que crecen. La exposición a los sonidos del habla materna en los confines del útero le permite al feto captar regularidades estadísticas para que el neonato pueda distinguir la voz de su madre e incluso su lenguaje del de otros. Una conducta más compleja es la imitación: si papá saca su lengua y la retuerce, el infante inmita sus gestos combinando información visual con información propioceptiva de sus propios movimientos. Es, por lo tanto, probable que el bebé tenga un nivel básico de conciencia no reflexiva, orientada al presente.  

Camino a la Conciencia

¿Pero cuándo comienza la travesía mágica hacia la conciencia? La conciencia requiere una sofisticada red de componentes altamente interconectados, las células nerviosas. Su sustrato físico, el complejo tálamo-cortical, que proporciona a la conciencia su contenido altamente elaborado, comienza a establecerse entre las semanas 24 y 28 de la gestación. Aproximadamente dos meses después, la sincronía del ritmo electroencefalográfico (EEG) entre ambos hemisferios corticales señala el inicio de la integración neuronal global. Por lo tanto, muchos de los elementos necesarios para la conciencia están en su lugar hacia el tercer trimestre. A partir de este período, los infantes pretérmino pueden sobrevivir fuera del útero bajo cuidado médico apropiado. Y, como es mucho más fácil observar e interactuar con un pretérmino que con un feto de la misma edad gestacional en el útero, el feto suele ser considerado como un bebé pretérmino, como un recién nacido no nacido. Pero esta noción pasa por alto el singular ambiente uterino: suspendido en una cálida y oscura caverna, conectado a la placenta que bombea sangre, nutrientes y hormonas a su creciente cuerpo y cerebro, el feto está dormido.

Experimentos invasivos en ratas y corderos y estudios observacionales que usan ultrasonido y registros eléctricos en humanos demuestran que el feto, durante el tercer trimestre, está casi siempre en uno de dos estados de sueño. Lamados sueño activo y sueño tranquilo, estos estados pueden ser distinguidos usando electroencefalografía. Sus diferentes registros en el EEG van de la mano con distintos comportamientos: respirar, deglutir, lamer y mover los ojos, pero sin movimientos corporales a gran escala en el sueño activo; no respiración, no movimientos oculares y actividad muscular tónica en el sueño tranquilo. Estos estados corresponden al sueño REM (Movimiento Rápido Ocular) y al sueño de onda lenta comunes a todos los mamíferos. En la gestación tardía, el feto está en uno de estos dos estados de sueño el 95% del tiempo, separado por breves transiciones.

Lo fascinante es el descubrimiento de que el feto está activamente sedado por la baja presión de oxígeno (equivalente a la de la cima del Monte Everest), el cálido y acolchonado ambiente uterino y un rango de sustancias neuroinhibitorias e inductoras del sueño producidas por la placenta y el propio feto: adenosina; dos anestésicos esteroides, alopregnanolona y pregnanolona; una potente hormona, la prostaglandina D2; y otros. El rol de la placenta en mantener la sedación es revelado cuando el cordón umbilical es ocluído mientras se mantiene al feto adecuadamente abastecido de oxígeno. El embrión de cordero ahora se mueve y respira continuamente. A partir de toda esta evidencia, los neonatólogos concluyen que el feto está dormido mientras su cerebro madura.

Embryo por Hypnothalamus (DeviantArt)

¿Sueño sin Sueños?

Una complicación se presenta. Cuando las personas despiertan durante el sueño REM, usualmente reportan sueños vívidos con extensas narrativas. Aunque la conciencia durante los sueños no es la misma que durante la vigilia - notoriamente, la introspección y la autorreflexión están ausentes - los sueños son concientemente experimentados y sentidos. Así que, ¿el feto sueña mientras está en sueño REM? Esto no es conocido. Pero, ¿sobre qué soñaría?

Luego del nacimiento, el contenido de los sueños es conformado por memorias recientes y remotas. Estudios longitudinales en niños por el psicólogo americano retirado David Foulkes sugieren que soñar es un desarrollo cognitivo gradual que está estrechamente relacionado con la capacidad para imaginar cosas visualmente y con las habilidades visuoespaciales. Por lo tanto, los sueños de los preescolares suelen ser estáticos y llanos, sin personajes que se muevan o actúen, escasos sentimientos y sin memorias. ¿Cómo sería soñar para un organismo que pasa su tiempo suspendido en una suerte de tanque de aislamiento, sin memorias y sin manera de imaginar algo en absoluto? Apuesto a que el feto no experimenta nada en el útero; que siente de la forma en la que nosotros sentimos cuando estamos en un profundo sueño sin sueños.

Los dramáticos eventos del parto por medios naturales (vaginal) causan que el cerebro despierte abruptamente, sin embargo. El feto es sacado a la fuerza de su existencia paradisíaca en el protegido, acuoso y cálido útero hacia un mundo hostil, aéreo y frío que asalta sus sentidos con sonidos, olores y visiones totalmente extraños; un evento altamente estresante.   

Como Hugo Lagercrantz, un pediatra del Instituto Karolinska en Estocolmo, descubrió hace dos décadas, un masivo incremento repentino de noradrenalina - más poderoso que durante cualquier lanzamiento en paracaídas o escalada al descubierto que el feto pueda emprender en su vida adulta - así como una liberación de la anestesia y sedación que ocurre cuando el feto se desconecta de la placenta materna, excitan al bebé para que pueda afrontar las nuevas circunstancias. Toma su primer aliento, despierta y comienza a experimentar la vida. 




(Lectura Adicional)
  • The “Stress” of Being Born. Hugo Lagercrantz and Theodore A. Slotkin in Scientific American, Vol. 254, No. 4, pages 100–107 (92–102); April 1986.
  • The Importance of “Awareness” for Understanding Fetal Pain. David J. Mellor, Tamara J. Diesch, Alistair J. Gunn and Laura Bennet in Brain Research Reviews, Vol. 49, No. 3, pages 455–471; November 2005.
  • The Emergence of Human Consciousness: From Fetal to Neonatal Life. Hugo Lagercrantz and Jean-Pierre Changeux in Pediatric Research, Vol. 65, No. 3, pages 255–260; March 2009.
 
 
Traducido por José Luis Huerto Aguilar
 
 

domingo, 4 de septiembre de 2016

"Fuera de contexto" ¿Se equivocó Dawkins?

El biólogo evolucionista Richard Dawkins senteció en su libro El Espejismo de Dios, que “El Dios del Antiguo Testamento es, posiblemente, el personaje más molesto de toda la ficción: celoso y orgulloso de serlo; un mezquino, injusto e implacable monstruo; un ser vengativo, sediento de sangre y limpiador étnico; un misógino, homófobo, racista, infanticida. Genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista; un matón caprichosamente malévolo.” 
 
Kali, consorte y aspecto destructor del dios Shiva, representada
por el pintor indio Raya Ravi Varma.

Una crítica que suele hacerse a la postura del biólogo británico, nos dice que "Aparte de ignorar por completo la máxima de los historiadores, de que jamás deben imponerse los valores y criterios morales de nuestra época a los propios del pasado histórico que se pretende investigar, ya que cada tiempo tuvo sus particulares códigos éticos, Dawkins tampoco tiene en cuenta las costumbres de los otros pueblos periféricos a Israel. Ni una sola palabra de cómo se percibía la violación como humillación, el incesto, el culto idolátrico a la fertilidad, la homosexualidad, la hospitalidad o la guerra en las distintas culturas de la antigüedad... ¿En base a qué criterios morales podemos condenar al Dios del Antiguo Testamento? Si Dios no existe ni el bien o el mal tampoco, ¿por qué tanta indignación contra la moralidad del Dios malévolo?" (1)

Esta y muchas otras críticas de naturaleza similar denuncian que Dawkins está tomando los relatos bíblicos y las costumbres detalladas en ellos "fuera de contexto" y que, por lo tanto, sus argumentos son inválidos. La órdenes genocidas, la misoginia y las leyes esclavistas del Antiguo Testamento deben ser, para los opositores de Dawkins, valoradas según su contexto histórico y los códigos éticos imperantes en el tiempo bíblico. Para poder juzgarlas necesitamos, sostienen ellos, la guía de un principio moral absoluto que nos diga qué está bien y qué está mal: Dios.

Los opositores de Dawkins no toman en cuenta que la intención del biólogo es, justamente, poner en evidencia la incompatibilidad entre los atributos y decretos divinos, supuestamente buenos e infalibles, y los principios que sostienen al mundo civilizado. Veamos:

Muchos están concientes de que las leyes del Antiguo Testamento permiten y norman la esclavitud. No obstante, el Nuevo Testamento no se queda atrás en sus exhortaciones a la obediencia y la servidumbre:


Es más, se admite el castigo a personas (siervos) que no saben qué cosa estan haciendo mal:


Un principio fundamental en la administración de justicia dicta que no podemos esperar que alguien se comporte como esperamos si previamente no le hemos comunicado nuestros deseos. En otras palabras, una persona no puede ser cupable de desobediencia si no conoce cuáles son las normas que debe obedecer. Como vemos, un principio tan básico e intuitivo involucra un razonamiento excesivo para los "iluminados" autores de la Biblia.

En las leyes sobre compraventa de esclavos es patente, además, la innegable misoginia bíblica. La mujer es tratada como un bien material más. En Éxodo se discuten las normas de posesión y comercio de diferentes pertenecias: vacas, ovejas, vestimenta, concubinas e hijas...¡propio de una sociedad civilizada! 


Podemos inferir que, si el amo no rechaza a la esclava y la toma como concubina, entonces está permitido que la venda a un extranjero. También que entre los "derechos de una hija" está el de ser vendida como esclava.

La obsesión bíblica por lo "puro" enmascara una completa ignorancia sobre los procesos fisiológicos naturales del ser humano e implica la consideración de lo femenino como sucio y contaminado. Actualmente, en países dominados por la mentalidad misógina de la religión abrahámica, el valor de las mujeres suele medirse de acuerdo a su "pureza" en el campo sexual. Otro ejemplo de cómo los prejuicios y supersticiones ancestrales humillan a las personas del mundo moderno:


Como si lo anterior fuera poco, una mujer se considera doblemente inmunda si da a luz a una niña:


Lo que demuestran estos ritos de "purificación" es una completa ignorancia sobre la naturaleza biológica de la mujer: un ejemplo más de la constante equiparación entre lo "femenino" y lo "sucio" que se hace a lo largo de la Biblia. Los versículos bíblicos también respaldan la sumisión de la mujer frente al varón; una actitud incompatible con todo concepto moderno de igualdad de género. Esta es la imagen de la mujer bíblica ideal: una silenciosa paridora de hijos:

 
Tan preocupante como todo lo anterior es la justificación que ofrece la Biblia a la violencia "en defensa de la Fe", cuyos efectos vivimos claramente en la actualidad. El odio asesino entre diferentes religiones puede rastrearse hasta indicaciones bíblicas como la siguiente. Lo que llamamos "extremismo" suele ser el resultado de la interpretación más inmediata, obvia y literal de textos religiosos similares: 

 
En un mundo que busca unificar a las personas bajo leyes que garanticen un trato equitativo e igualdad de derechos, no podemos ignorar el desprecio de las religiones abrahámicas hacia la homosexualidad. El odio homofóbico es más evidente en naciones como Irán y Arabia Saudita, gobernadas por dictaduras teocráticas islámicas. No obstante, no solo el Islam promueve la violencia contra la comunidad LGBT; la religión cristiana es homofóbica e intolerante en sus raíces y sus propias leyes han sido, en gran medida, la inspiración directa de la Escritura islámica: 



Debe quedar claro que Dawkins no dirige su crítica del Dios Bíblico a los israelitas ancestrales -supersticiosos, analfabetos y científicamente ignorantes- sino a personas del siglo XXI, cuya educación y nivel de vida dependen de una civilización fundada en valores de justicia, libertad, igualdad, racionalidad y rigor científico. El mundo moderno, nuestro mundo, le debe mucho más a la Grecia Clásica que a la doctrina cristiana. Bajo la perspectiva de la modernidad, Jehová es, en efecto, un monstruo, y tenemos todo el derecho de calificarlo como tal. De hecho, la definición más aceptada de "civilización" es un conjunto de ideas, costumbres y conocimientos que definen a la sociedad humana en un estadío de su evolución; los atributos que definen a Jehová, obtenidos de las historias y sugerencias de la Biblia, conforman la antítesis de todo lo que podemos calificar como civilizado. 

Los opositores de Dawkins parecen ignorar que, para él, Jehová es un villano ficticio -un monstruo imaginario de la calaña de Sauron, Palpatine o Cthulhu- y la Biblia, una mera colección de fábulas de mal gusto. ¿Tenemos, acaso, defensores del Señor Oscuro de los Sith argumentando que "jamás deben imponerse los valores y criterios morales de nuestra época a los propios del pasado histórico que se pretende investigar, ya que cada tiempo tuvo sus particulares códigos éticos"? Con la misma facilidad con que repudiamos a los villanos de la literatura fantástica, Dawkins repudia al monstruo original de las Escrituras religiosas.

A cerca de la segunda objeción a Dawkins, "¿En base a qué criterios morales podemos condenar al Dios del Antiguo Testamento? Si Dios no existe ni el bien o el mal tampoco.", el filósofo y neurocientífico Sam Harris elaboró una interesante respuesta en su libro The Moral Landscape (El Paisaje Moral). En uno de mis artículos favoritos de su página web, que tuve al agrado de traducir (pido disculpas, de antemano, por cualquier error que haya cometido en la traducción), Harris explicó:

Definimos a la física, hablando con ligereza, como nuestro mejor esfuerzo por entender el comportamiento de la materia y la energía del universo. La disciplina se define con respecto al objetivo de comprender cómo se comporta la materia. Por supuesto, cualquiera es libre de definir la física de otra manera. Un físico Creacionista puede entrar en este cuarto y decir, "Bueno, esa no es mi definición de la física. Mi física está diseñada para adecuarse al libro de Génesis." Pero somos libres de responder a esa persona diciendo, "¿Sabes?, tú no perteneces realmente a esta conferencia. Esa no es la física en la que estamos interesados. Estás usando la palabra de una forma diferente. No estás jugando nuestro juego linguístico." Tal gesto de exclusión es tan legítimo como necesario...

...Así que argumentaré, brevemente, que la única esfera de preocupación moral legítima es el bienestar de las criaturas conscientes... 

...Estoy afirmando que la consciencia es el único contexto en el que podemos hablar de moralidad y valores humanos. ¿Por qué la consciencia no es un punto de partida arbitrario? Bueno, ¿cuál es la alternativa? Tan solo imagina que alguien venga diciendo que posee otra fuente de valor que no tiene nada que ver con la experiencia actual o potencial los seres conscientes. Cualquiera que sea, debe ser algo que no pueda afectar la experiencia de nada en el universo, en esta vida o en cualquier otra.

Sam Harris, filósofo y neurocientífico.

Si pusieras esta fuente de valor imaginaria en una caja, creo que lo que tendrías en esa caja sería -por definición- la cosa menos interesante del universo. Sería -de nuevo, por definición- algo por lo que no puede sentirse interés. Cualquier otra fuente de valor tendría algún tipo de relación con la experiencia de los seres conscientes. Así que no creo que la consciencia sea un punto de partida arbitrario. Cuando hablamos de correcto e incorrecto, de bien y mal, y sobre resultados que importan, estamos hablando necesariamente de cambios actuales o potenciales en la experiencia consciente. 

Añadiría que el concepto de "bienestar" captura todo aquello que puede importarnos en la esfera moral. El reto es tener una definición de bienestar que sea verdaderamente amplia y pueda absorber todo aquello que nos importa... 

...La verdad es que la ciencia no está libre de valores. La buena ciencia es el producto de nosotros dando valor a la evidencia, a la consistencia lógica, a la parsimonia y a otras virtudes intelectuales. Y, si no valoras esas cosas, no puedes participar de la conversación científica. Lo que digo es que no tenemos que preocuparnos por las personas que no valoran la prosperidad humana, o que dicen no hacerlo. No necesitamos escuchar a las personas que se sientan a la mesa diciendo "¿Sabes?, queremos cortar las cabezas de los adúlteros en el medio tiempo de nuestro partido de fútbol porque tenemos un libro dictado por el Creador del universo que dice que debemos hacerlo." En respuesta, somos libres de decir, "Bueno, parece que estás confundido acerca de todo. Tu física no es física y tu moral no es moral." Estas son jugadas equivalentes, intelectualmente hablando. Surgen de la misma implicación con los hechos reales acerca de cómo es el universo. En términos de moralidad, nuestra conversación puede proceder con referencia a hechos sobre las experiencias cambiantes de las criaturas conscientes. Me parece tan legítimo, científicamente, definir la moralidad de esta manera como lo es definir la física en términos del comportamiento de la materia y la energía. Pero la mayoría de la gente involucrada en el estudio científico de la moralidad parece no percatarse de ello.

Las ideas de Sam Harris nos explican, por ejemplo, por qué nos resultaría absurdo tener preocupaciones morales sobre una piedra o un pedazo de madera: ambos objetos están desprovistos de consciencia y son incapaces de experimentar bienestar.

Por otro lado, el requerimiento de un principio absoluto e inmutable para definir nuestras nociones de moralidad constituye una exigencia innecesaria que las religiones pretenden imponer. Otros campos del conocimiento y el quehacer humano, como la Medicina, se sostienen perfectamente sobre definiciones aceptadas universalmente, pero que son, en última instancia, provisionales. Lo que hace tan solo 50 años se consideraba "saludable" para un anciano podría entrar, actualmente, en el rango de lo patológico. Algunas condiciones francamente patológicas en la mayor parte del mundo, como la anemia de células falciformes y la alfa talasemia, son factores protectores contra la malaria (causada por un parásito intracelular que subsiste dentro de los eritrocitos humanos durante parte de su ciclo vital). Como el Plasmodium, causante de la malaria, sólo puede parasitar eritrocitos sanos, las personas afectadas por anemia de células falciformes y alfa talasemia -las cuales provocan alteraciones estructurales en el eritrocito- están relativamente protegidas frente a la malaria. En este caso, vemos claramente porqué los conceptos de salud y enfermedad no son absolutos. Un caso similar ocurre en relación con la intolerancia a la lactosa: la definciencia de lactasa, enzima encargada de digerir la lactosa, es totalmente normal en regiones donde no se han domesticado, históricamente, animales productores de leche. Con la introducción de una dieta rica en productos lácteos, esta condición no patológica dio lugar a una de las enfermedades más prevalentes de nuestro medio.

Lo anterior no justifica, por ejemplo, que una persona nos diga que su hipertensión arterial lo hace más saludable que el resto de la población, o que un paciente diabético afirme que su salud se incrementa de manera directamente proporcional al daño renal que le provoca su enfermedad. Aunque los conceptos de salud y enfermedad no son absolutos, aquellas dos personas simplemente no saben de qué están hablando. Sus nociones sobre salud y enfermedad pueden (y deben) ser excluidas de inmediato.

Como vemos, nuestras definiciones más importantes no dependen de un principio absoluto e inmutable para ser válidas y para que nos sea posible trabajar exitosamente con ellas. Si esto es cierto para la Medicina, ¿por qué no para la moral?


miércoles, 17 de agosto de 2016

"Permitan a las mujeres iraníes entrar a sus estadios."

Tomado y traducido del muro de Facebook de A Mighty Girl

"Permitan a las mujeres iraníes entrar a sus estadios."

Una valiente fanática del deporte está tomando una postura a favor de los derechos de las mujeres en los Juegos Olímpicos, sosteniendo una pancarta que lee "Permitan a las Mujeres Iraníes Entrar a Sus Estadios" durante los partidos de voleyball del equipo nacional iraní. El país ha prohibído durante mucho tiempo a las mujeres atender los partidos de fútbol masculino y, como el juego incrementó su popularidad, extendió la prohibición a los juegos de voleyball masculino hace cuatro años. Darya Safai, de 35 años, ha estado organizando protestas contra esas prohibiciones por dos años y, en las Olimpíadas, estaba decidida a difundir aún más su demanda por igualdad de género: "Amo al vóleyball, al football, porque amo a nuestro equipo nacional," explica ella. "Queremos disfrutar (al equipo), hombres y mujeres. Quiero alentar a mi equipo nacional, es mi derecho y el de todas las mujeres iraníes cuyas voces son silenciadas."

Safai, quien nació en Irán pero ha vivido en Bélgica desde que fue encarcelada por tomar parte en demostraciones antigubernamentales, sostuvo su pancarta por primera vez durante el partido Irán/Egipto, el sábado, y dice que planea atender todos los partidos de voleyball de Irán, incluyendo los cuartos de final de mañana. Aunque muchos en la audiencia demostraron su apoyo, algunos hombres le gritaron, incluyendo al fan iraní en la foto con Safai. En cierto punto, el personal de seguridad vino a retirarla del estadio y ella les dijo, "Lo siento mucho. Por lo que estoy luchando son los derechos de las mujeres iraníes de estar en los partidos. Es mi derecho estar aquí. Es el derecho básico de las mujeres iraníes." Añadió que "duele tener que explicar una y otra vez que esta acción pacífica no es un mensaje político, sino un mensaje positivo de paz y derechos humanos."  

Al final, se retractaron y Safai pudo sostener su pancarta durante el juego: "Mantuve mi cartel arriba por toda la duración del partido," dijo ella. "Mis manos estaban temblando por sostener el cartel. Pero lo sostuve hasta el final." Ella espera que el Comité Olímpico Internacional ayude a  afianzar la causa de las mujeres iraníes que buscan mayor igualdad. "Ellos tienen mucho poder en el mundo de los deportes y espero que lo usen para luchar contra la discriminación de género," afirmó Safai. "Ese es el espíritu de los Juegos Olímpicos"  


Traducción: José Luis Huerto Aguilar